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martes, 20 de septiembre de 2011

Muñeca de trapo*


esas miradas expresivas capaces de decir todo sin una palabra a aquel que sepa interpretarlas; esas mano con dedos estrechos en los que nunca falta su anillo de plata; esa manía de sonreír a los espejos, de gritar por la ventana, de levantarse con el pie izquierdo ya que odia las supersticiones, esa manía de llevar el reloj siempre del revés, no se sabe exactamente por qué, tal vez porque odia ver las horas marchar y pasar los segundos, tal vez porque ella es diferente o tal vez porque no le gusta vivir atada a un segundero. Esa sonrisa loca, a veces un poco fugaz en su cara, esas ganas constantes de cantar, de saltar en los charcos, de correr, de reír por estupideces, de hacer cualquier chorrada de las suyas, de demostrarle al mundo que hace cierto tiempo dejó de ser aquella simple muñeca de porcelana y que tal vez se convirtió en una muñeca de trapo, quizás menos llamativo o menos bello; dejo de ser aquella muñeca de porcelana tan frágil, tan aparentemente perfecta y tan brillante pero que con un golpecito estaba rota; ahora es algo más resistente, algo menos brillante, algo menos aparentemente perfecta, pero como nunca lo fue eso a ella le da igual, siempre tuvo sus defectos, su escasa paciencia, su abundante mal humor, su negatividad o su falta de confianza, su a veces excesiva sensibilidad, ese pie un poquito más grande, esas cicatrices que recuerdan caídas, ese lunar en la oreja que tanto le gusta, todas y cada una de sus cualidades son comunes, iguales, sencillas, pero al mismo tiempo extrañas, diferentes, suyas; de esta chiquitita con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes.


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